UN RAYO DE
ESPERANZA EN UN MAR DE PROBLEMAS
"Reprime
Del Llanto Tu Voz, Y De Las Lágrimas Tus Ojos"
EL Señor por
medio del profeta Jeremías nos envía un mensaje de consuelo para el corazón de
cada padre afligido que cree en Él. Leemos: "Voz fue oída en Ramá, llanto
y lloro amargo; Raquel que lamenta por sus hijos, y no quiso ser consolada
acerca de sus hijos, porque perecieron. Así ha dicho Jehová: reprime del llanto
tu voz, y de las lágrimas tus ojos; porque salario hay para tu trabajo, dice
Jehová, y volverán de la tierra del enemigo".—Jeremías 31:15-17
Cinco puntos
en este texto nos llaman la atención:
Primero. El dolor por la muerte, que es universal;
como el Apóstol declara, "Sabemos que toda la creación gime a una, y a una
está con dolores de parto hasta ahora".
Segundo. La naturaleza del consuelo que se
describe: la esperanza de una resurrección, la esperanza de recuperar a los que
están muertos, porque ellos "volverán", serán restaurados a la vida.
Tercero. En la muerte, nuestros amados están en la
"tierra del enemigo". Esto se encuentra en armonía con la declaración
Apóstol, "Y el postrer enemigo que será destruido es la
muerte".— 1Co 15:26
Cuarto. Que el trabajo de los padres que se
esfuerzan por criar apropiadamente a sus hijos no es en vano, porque
"salario hay para tu trabajo".
Quinto. Por último, y de gran importancia, el
texto declara que esta es la Palabra del Señor, que no puede fallar, la Palabra
que tiene su cumplimiento seguro, sin importar cuan diferente sea la palabra
del h ombre sobre este tema.
Lágrimas, no
debilidad—"Jesús lloró"
El dolor por la
muerte no es un signo de debilidad, sino por lo contrario, un signo de amor y
condolencia, de algo más que egoísmo. Si fuera necesaria una demostración de
esta idea, la encontramos en el versículo más corto de la Biblia: "Jesús
lloró". Las lágrimas de nuestro Señor fueron derramadas en ocasión de un
funeral. Lázaro, su amigo, el hermano de Marta y María, había muerto. Nuestro
Señor estaba completamente conmovido en esta ocasión, comprendiendo
profundamente el terrible significado que la muerte tenía para aquellas
personas que lo rodeaban. Él apreció, más que ninguno entre la humanidad caída,
la gran bendición y privilegio de vivir, y cuan terrible aflicción era la
muerte, o sea la destrucción, el dejar de existir.
Por otro lado,
él entendía más claramente que cualquiera de los presentes el hermoso plan de
Dios para rescatar a la raza de la muerte. Él sabía que había venido al mundo
para cumplir este propósito, para dar su vida como precio de rescate por el
Padre Adán, y así por consecuencia por cada miembro de la raza Adámica, que
cayó en la muerte por la primera transgresión en el Edén. El Maestro comprendía
desde el punto de vista de la fe en el plan del Padre, y por su decidida
intención de realizar su parte en este plan entregando su vida como precio de
rescate por nosotros, así que las bendiciones de la resurrección vendrían para
todos los miembros de la raza humana.
"Lázaro
duerme"
Notemos con
atención la clase de consuelo que nuestro Señor ofreció a los que estaban
sufriendo en esta ocasión. Podemos estar seguros que aquel "habló como
ningún hombre ha hablado", ofreció el mejor de los consuelos. Él les dijo
"nuestro amigo Lázaro duerme; mas voy para despertarle". El no pensó
que estar muerto significara estar extinto, porque tenía plena confianza en el
plan de redención y en las bendiciones que la resurrección traería. Por esto
habló de la muerte como un sueño, un sueño de descanso, reposo, espera.
Esta es una
figura maravillosa, frecuentemente usada en las Escrituras por todos aquellos
que confiaron en el plan divino que promete un amanecer de resurrección. En el
Antiguo Testamento encontramos frecuentemente esta idea. Abraham durmió con sus
padres, y así también lo hicieron Isaac, Jacob, todos los Profetas, y también
todo Israel.
En el Nuevo
Testamento encontramos lo mismo, no solo en las palabras de Jesús acerca de
Lázaro, sino que también los apóstoles usaron esta figura de "dormir"
para representar su esperanza en la resurrección. Así los queridos que murieron
no estaban destruidos o extintos, sino que, como dice nuestro texto
"Volverán de la tierrá del enemigo", se despertarán en el amanecer de
la resurrección.
Así leemos que
Esteban, el primer mártir Cristiano, aunque fue apedreado hasta morir,
"durmió" dulcemente, en paz, creyendo en Jesús y en el gran poder que
él usaría para llamar de entre los muertos a todos los redimidos por su sangre
preciosa. También este, recordemos, fue el consuelo que el Apóstol dio a la Iglesia
primitiva, diciendo: "Así también traerá Dios con Jesús a los que
durmieron con él", "Alentaos unos a otros con estas palabras".
(1 Tes. 4: 14-18) Refiriéndose a esta cuestión el Apóstol dijo en otra ocasión,
"No todos dormiremos, pero todos seremos transformados". El se
refería a aquellos que estarían vivos al tiempo de la segunda venida de Cristo,
cuya "transformación" en la resurrección no estará precedida por un
período de inconsciencia en la muerte.
Volvamos a
Jesús y escuchemos sus palabras de consuelo en aquella ocasión en Betania. Las
enseñanzas que el gran Maestro ha presentado son inmejorables. Así en su
conversación con Marta él dijo: "Tu hermano resucitará". El no dijo
tu hermano está vivo ahora. El tampoco dijo, como algunos enseñan erróneamente
hoy, tu hermano está más vivo en la muerte que antes de morir. ¡No! ¡No! El
Señor no se burlaría del sentido común y del razonamiento de sus oyentes, ni
podría ignorar la verdad y declarar que el muerto no estaba muerto.
¡Escuchemos! El
Señor admitió que una calamidad había acontecido a la familia. Él no dijo ni
una palabra acerca de que su amigo Lázaro se haya ido al cielo, ni una frase
que indicara esto. Por lo contrario, lloró con tristeza, y ofreció la solución
más poderosa y verdadera para el dolor: la esperanza de una resurrección,
"Tu hermano resucitará", "Yo soy la resurrección y la
vida". Así el Señor estaba significando: la esperanza de todos los que han
muerto se centra en mi. Mi muerte cancelará la condenación original sobre Adán,
y entonces tendré el derecho de acuerdo con el plan del Padre de llamar a todos
los muertos de la gran prisión de la muerte, de la tumba. "No os
maravilléis de esto; porque vendrá hora cuando todos los que están en los
sepulcros oirán su voz".—Juan 5:28
El amanecer
de la resurrección
Al final de su
conversación con Marta, explicando que su fe debía centrarse en una
resurrección de los muertos y que Él era el centro de esa esperanza, nuestro
Señor se dirigió al sepulcro. Su intención era dar un ejemplo del poder que
luego actuaría sobre la humanidad en la mañana de la resurrección. Parado a la
entrada del sepulcro nuestro Señor clamó en voz alta: "¡Lázaro, ven
afuera!", y el que había muerto salió, revivido por el poder y la
autoridad de nuestro Señor.
Este, como
otros milagros realizados por nuestro amado Redentor en su primera venida,
fueron una muestra de su poder y gloria futuros, una manifestación adelantada
de lo que haría en su segunda venida, cuando la obra será universal, más
amplia, más profunda, más grandiosa en cada aspecto, "Entonces los ojos de
los ciegos serán abiertos, y los oídos de los sordos se abrirán". Todos
los que están en sus sepulcros saldrán, no meramente para caer otra vez en la
ceguera y la muerte, sino para permanecer recobrados. Y no solo serán
recobrados de su ceguera y sordera natural, sino que los ojos y oídos de su
entendimiento serán también abiertos. No solo serán levantados del sueño de la
muerte por unos pocos años bajo las condiciones presentes, sino que serán
levantados para que siendo obedientes a las disposiciones de la Edad Milenaria,
puedan obtener la perfección mental, moral y física perdida por la
desobediencia de Adán.
"Tiempos
de refrigerio"
Esta es la
hermosa esperanza de una era gloriosa. Qué maravilloso resulta que el Apóstol
diga que vendrán "de la presencia del Señor tiempos de refrigerio, y él
envíe a Jesucristo, que os fue antes anunciado". Qué maravilloso es que
hable de estos años de la Edad Milenaria como "los tiempos de la
restauración de todas las cosas, de que habló Dios por boca de sus santos
profetas que han sido desde tiempo antiguo".—Hechos 3:19-21
Sabemos que
Lázaro murió otra vez, que la hija de Jairo murió otra vez, que el hijo de la
viuda de Nain murió otra vez. Su levantamiento de la tumba fue solo temporal,
una muestra del poder del Señor. Como está escrito: "Este principio de
señales hizo Jesús en Caná de Galilea, y manifestó su gloria". Estos
milagros fueron destellos del poder y la gloria y la obra venideras del amado
Profeta, Sacerdote y Rey, a quien Dios ha designado no solo para redimir al
mundo, sino también para que a su debido tiempo ofrezca a todos las
oportunidades aseguradas por este sacrificio de redención.
No podemos
abundar en detalles aquí, pero no dudamos que la mayoría estarán en pleno
acuerdo en la forma que este tema es presentado en "Estudio de las
Escrituras", en el cual mostramos entre otras cosas que la gran bendición
que finalmente vendrá sobre la humanidad, así como también sobre la Iglesia, se
centra en la venida de nuestro Señor y Maestro, nuestro Redentor y Rey, y que
estas grandes bendiciones no son meramente temporales, sino designadas por Dios
como duraderas y eternas para aquellos que aceptan los favores Divinos con el
espíritu apropiado, con reverencia, gratitud y obediencia.
La muerte:
"la tierra del enemigo"
¿Por qué fue la
muerte llamada "la tierra del enemigo"? ¿Por qué estará escrito
"el postrer enemigo que será destruido será la muerte"? Porque aunque
intentemos disfrazar los hechos, la muerte es un enemigo. La sugerencia de que
ella es una amiga no proviene de la Palabra de Dios, sino de filosofías
paganas. La sugerencia de que no es real no proviene de las Escrituras, sino
del paganismo. La sugerencia que los muertos están aún más vivos que cuando
estaban vivos es completamente opuesta a la declaración de las Escrituras:
"Los muertos nada saben, ni tienen más paga; porque su memoria es puesta
en olvido... porque en el Seol, adonde vas, no hay obra, ni trabajo, ni
ciencia, ni sabiduría" y "sus hijos tendrán honores, pero él no lo
sabrá; o serán humillados, y no entenderá de ello".—Ecle. 9:5-10 Job 14:21
La idea que el
momento de la muerte es el de mayor vida, es una sugerencia engañosa que
proviene del Adversario, quien contradijo la declaración de Dios en el Jardín
de Edén, cuando dijo a nuestros primeros padres: "Ciertamente
morirás" por tu pecado. Pero el Adversario declaró engañosamente "no
morirás".—Gen. 3: 2-4
El Adversario
ha mantenido esta falsa enseñanza por seis mil años, y finalmente no solo los
paganos son engañados por esta distorsión de la realidad, sino que también
muchos Cristianos creen la palabra de Satanás: "no morirás". De esta
forma, creen que los muertos no están muertos y rechazan el testimonio de la
Palabra de Dios, "la paga del pecado es la muerte", que "el alma
que pecare morirá", y que "la muerte pasó a todos los hombres, por
cuanto todos pecaron". Por tanto la esperanza de la Iglesia así como la
esperanza del mundo, descansa en el hecho que Cristo murió por nuestros pecados
y nos redimió de la sentencia de muerte, y que a su debido tiempo el Padre
realizará una resurrección de los muertos.
La llave de
la prisión de la muerte
Consolemos
nuestros corazones con el consuelo verdadero, el consuelo real de la palabra de
Dios: habrá una resurrección de los muertos, tanto de justos como de injustos.
Todos los que están en sus sepulcros oirán la voz del Hijo del Hombre y
saldrán. Los miles de millones que han descendido a la gran prisión de la
muerte serán liberados, porque el Gran Redentor tiene la llave, el poder, la
autoridad para ordenar a los prisioneros salir, así como lo declaran las
Escrituras.
¡Qué gloriosa
mañana de resurrección será esta! ¡Qué gloriosa reunión! Entendemos que las
Escrituras enseñan que el proceso de resurrección continuará durante una parte
considerable de la Edad Milenaria, el día de mil años de resurrección y
restauración. Primero sucederá la resurrección de la Iglesia, la
"Desposada", "la Esposa del Cordero", el "Cuerpo de
Cristo". Según las Escrituras, ésta constituye la Primera Resurrección: no
solo la primera en orden temporal, sino también en el sentido de ser la principal.
En este grupo estarán solo los santos, como está escrito: "Bienaventurado
y santo el que tiene parte en la primera resurrección; la segunda muerte no
tiene potestad sobre estos, sino que serán sacerdotes de Dios y de Cristo, y
reinarán con él mil años" (Apo. 20: 6). Sin embargo este será un pequeño
rebaño, y como declaran las Escrituras no incluirá "muchos sabios según la
carne, ni muchos poderosos, ni muchos nobles", pues "¿ No ha elegido
Dios a los pobres de este mundo, para que sean ricos en la fe y herederos del
reino que ha prometido a los que le aman?"—1 Cor. 1: 26, 27; Sant. 2: 5
Poco después de
la primera resurrección (la glorificación de la Iglesia), vendrá la
resurrección de los Dignos de Antiguo: los vencedores de los tiempos antiguos
anteriores a la Edad Evangélica. Tenemos certeza que Abraham, Isaac y Jacob y
todos los santos profetas (sí, todos los que Dios aprobó por su fe y
obediencia) saldrán de la tumba como seres humanos gloriosos y perfectos
ejemplos terrenales del Creador Celestial, para ser los representantes
terrenales del Reino, los instructores de la humanidad.
La instrucción
del mundo comenzará inmediatamente. Se nos asegura que "la tierra será
llena del conocimiento de Jehová, como las aguas cubren el mar", de tal
modo que "No enseñará más ninguno a su prójimo, ni ninguno a su hermano,
diciendo: Conoce a Jehová; porque todos me conocerán, desde el más pequeño de
ellos hasta el más grande, dice Jehová". No nos detendremos aquí a
describir esta gloriosa era y las grandes oportunidades que dará a cada
criatura para conocer a Dios, obedecerlo, y obtener la resurrección en su pleno
significado, un despertar a la perfección mental, moral y física.
Los últimos
serán primeros, los primeros serán últimos
Luego que el
Reino de Dios haya sido establecido plenamente en la tierra, y Satanás haya
sido atado, luego que las tinieblas se hayan disipado y la luz verdadera haya
iluminado a toda criatura, vendrá el tiempo del despertar de todas las familias
de la tierra, no todos al mismo tiempo, sino en forma gradual, y "volverán
de la tierra del enemigo". Las Escrituras no presentan detalles sobre este
tema, y dejan mucho a la fe; pero sin embargo, nos dan un firme fundamento para
esta fe, en la segura promesa de la Palabra de Dios.
Según nuestro
entendimiento, aquellos que han fallecido últimos, estarán entre los primeros
en ser llamados de la tierra del enemigo para volver a la vida, y así este
proceso continuará hacia atrás, por decirlo de algún modo. Los vivos se
prepararán para recibir a sus hermanos, hermanas y padres, y estos a su vez
para recibir a sus hermanos, hermanas y padres, y así continuará hacia atrás,
hasta que finalmente el padre Adán y la madre Eva podrán ver el mundo lleno de
sus descendientes, de acuerdo con el mandato original: multiplicaos y llenad la
tierra.
Ellos
contemplarán con asombro la lluvia de bendiciones que habrá caído sobre la
humanidad desde el Padre Celestial y por medio del Salvador Celestial. Ellos
verán los estragos que su desobediencia trajo, pero que Dios en su sabiduría y
poder, puede y desea solucionarlos y traer orden a la confusión, y resurrección
a los muertos. Todos comprenderán la anchura, la longitud, la profundidad y la
altura del Amor de Dios. El gran plan de salvación aparecerá ante ellos; verán
como Abel, su hijo, que sufrió a causa de la justicia, fue un tipo e imagen del
gran Hijo de Dios, quien sufrió por causa de la justicia y por nuestra
liberación, y verán como su sangre habla de paz para todos aquellos sobre los
que se derrama, habla de perdón y de renovada armonía con Dios.
La tragedia
del pecado y la muerte
Ellos también
aprenderán acerca de la terrible degradación que cayó sobre su raza luego de su
muerte. Se enterarán, con corazones afligidos y respiración contenida, de las
terribles hambrunas y pestilencias que sucedieron como parte de la sentencia de
muerte original. Conocerán las aberraciones mentales que afligieron al mundo,
tanto que los hombres pensaron hacer un servicio a Dios al perseguirse unos a
otros por causa de las diferencias religiosas, y de cómo otros consumidos por
el orgullo, la ambición, etc., guerrearon, pelearon y diseñaron maquinarias de
destrucción unos contra otros, matándose por millares en la batalla. Se
admirarán de la paciencia de Dios al permitir por tanto tiempo el mal.
Entonces verán
verdaderamente lo que Dios ha traído: Primero, su justicia, que proveyó la gran
redención, sin la cual no podría limpiarse la culpa. Segundo, su amor,
manifestado al entregar a su Hijo. Tercero, comprenderán como durante la Edad
Evangélica Dios ha seleccionado su Iglesia, para ser la Esposa de Cristo y
coheredera con él en el Reino. Cuarto, percibirán que cuando esta elección fue
completada y todos los miembros de esta gloriosa compañía fueron probados,
pulidos y glorificados, entonces las bendiciones para el mundo a través del
Cristo glorificado, Cabeza y Cuerpo, vinieron sobre toda la humanidad en la
restauración de todas las cosas, de las cuales habló Dios por boca de sus
santos profetas que han sido desde tiempo antiguo.—Hech. 3:21
¡Oh! ¡Cómo
ellos y toda su posteridad estarán naturalmente inclinados a decir: gloria,
honor, dominio, majestad, poder y fuerza sean para Aquel que se sienta en el
trono y para el Cordero, por siempre!
¡Oh!¡cuán
felices serán al ver los gloriosos resultados que el poder de Dios traerá!
¡Cuán felices serán porque el plan divino es que finalmente toda imperfección
sea erradicada y que todos los miembros de la raza que así lo quieran vivan
eternamente bajo el favor y las bendiciones divinas, mientras que aquellos que
se revelen serán destruidos de entre el pueblo en la Segunda Muerte!
Seguramente cantarán: "Grandes y maravillosas son tus obras, Señor Dios
Todopoderoso, por lo cual todas las naciones vendrán y te adorarán, porque tus
juicios se han manifestado"—Apocalipsis 15:3-4
"Hay
salario para tu trabajo"
Finalmente
consideremos la Palabra de Dios para todos nosotros, y en especial su palabra a
los padres: "Hay salario para tu trabajo". ¡Qué maravilloso consuelo!
Qué palabras de ánimo y apoyo encontramos aquí para los padres, quienes al
buscar educar a sus hijos en el camino correcto, son tristemente heridos y
desalentados cuando la flecha de la muerte derriba a aquellos que han cuidado y
amado. Ellos se sienten dispuestos a decir: ¡Ah!, mi amor, mi consejo, mis
cuidados maternales, mis provisiones paternales, todo fue desperdiciado. ¡Pero
no es así! Porque Dios ha dicho "hay salario para tu trabajo".
¿Cuál será
el salario?
Verán el fruto
de su trabajo en el futuro, porque entonces conoceremos como fuimos conocidos.
Nuestros amados estarán con nosotros y el tiempo y esfuerzo dedicado para
educarlos según la justicia y la verdad, la honradez y la bondad, seguramente
no ha sido en vano. Los hijos volverán mucho más avanzados en su desarrollo
mental y moral; podrán alcanzar con más facilidad las grandes alturas que el
Señor les ofrecerá entonces.
Por otro lado,
los padres que han sido descuidados con sus hijos, que han rechazado sus
privilegios y obligaciones como padres, sin duda encontrarán el resultado de su
negligencia en el futuro cuando comprendan lo que hubieran podido hacer por sus
hijos, pero no lo hicieron.
Y más que esto.
Por una ley Divina de reacción, cada padre que es fiel en el cumplimiento de
sus deberes paternales tendrá su trabajo recompensado en sí mismo, y de la
misma manera cada padre que haya rechazado sus deberes tendrá su obra
recompensada en sí mismo. Porque debemos comprender que no hay mayor privilegio
u oportunidad para el desarrollo propio que el que ofrece la paternidad y el
esfuerzo de criar a los hijos en el camino debido, en reverencia y amonestación
del Señor.
La edificación
del carácter está incluida
Indudablemente,
también es cierto que todo esfuerzo por hacer el bien a otros, especialmente a
nuestros propios hijos, tiene sus bendiciones sobres nuestros propios
corazones. ¡Qué estas bendiciones se acrecienten a medida que los años pasen!
En conclusión,
les digo, no solo para el presente, sino para los días futuros, "Consolaos
unos a otros con estas palabras" de nuestro Señor, ya que sus pequeños
volverán otra vez de "la tierra del enemigo", y que su retorno será
aun más bendito, bajo condiciones mucho más favorables que en el presente.
Entonces, el gran Rey reinará, todo mal será sujetado, todos los hacedores de
maldad serán restringidos, todas las influencias de la justicia serán
abundantes, y el mundo entero estará lleno del conocimiento de Dios como las
aguas cubren el mar. ¡Qué bendito porvenir tenemos delante de nosotros, y a
aquel que nos amó y nos compró, y al Padre Celestial, que diseñó este gran
plan, damos gracias y alabanzas por siempre, y las ofrecemos en nuestra vida de
todos los días!
¿Por Qué Se
Permitió El Mal?
?
¿Por qué muere
el hombre?
¿Por qué
hay...?
Tornados
Huracanes
Inundaciones
Hambrunas
Asesinatos
Calamidades
Una breve
exposición del
Plan Divino De
Las Edades
Mostrando la
armoniosa cooperación
Justicia, la
Sabiduría, el Amor y el Poder del Creador.
EL estudiante
cuidadoso y reverente de las sagradas Escrituras encontrará, a la luz dada
ahora a la familia de la fe, que la palabra de Dios presenta un plan de salvación
y desarrollo de la raza humana que es completo y sistemático, que ha operado a
través de las edades, y que hasta el tiempo presente ha sido un éxito en su
desarrollo gradual, el cual a su debido tiempo será gloriosamente completado.
Los pasados seis mil años de historia humana han sido necesarios para llevar
este plan a su presente estado de desarrollo, y mil años más permitirán la
plena consumación de la restauración de cada miembro de la raza, que así lo
desee, a la imagen original de Dios, y su establecimiento en justicia, con las
eternas edades de gloria y bendiciones delante de ellos.
Este es el
alcance del Plan de Dios, que Él diseñó antes de la fundación del mundo, para
ser realizado por Cristo, quien es el Alfa y la Omega, el Principio y el Fin,
el Primero y el Último de la creación directa de Jehová—su Hijo Unigénito.
(Apo. 1:8-10; Juan 1:14,18 Col 1:13) "Todas las cosas por él fueron
hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho". "Él es la
imagen del Dios invisible, el primogénito de toda creación. Porque por él
fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la
tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados,
sean potestades; todo fue creado por medio de él y para él. Y él es antes de
todas las cosas, y todas las cosas en él subsisten" {Juan 1:3 Col 1:15-17}
En él también "tenemos redención por su sangre, el perdón de
pecados".—Col. 1:14
Dios, habiendo
honrado así a su Hijo, haciéndolo un instrumento o agente para la realización
de todos sus grandiosos designios, declara al hombre: "Este es mi Hijo
amado, en quien tengo complacencia; a él oíd". "A éste, Dios ha
exaltado con su diestra por Príncipe y Salvador", "para que todos
honren al Hijo como honran al Padre" ( Mt 17:5; Hech. 5:31; Juan 5:23) El
Hijo no reclama mayor honor que el de ser el agente o mensajero del Padre, el
"mensajero del Pacto de Jehová". (Malaquías 3:1) Por esto él dijo:
"Porque he descendido del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la
voluntad del que me envió", porque "el Padre mayor es que yo"
(Juan 6:38; 5:30; 4:34; 14:28) Para nosotros, así como para el Apóstol
"sólo hay un Dios, el Padre, del cual proceden todas las cosas, y nosotros
somos para él; y un Señor, Jesucristo, por medio del cual son todas las cosas,
y nosotros por medio de él".—1 Cor. 8:6
Después de la
creación de los ángeles vino la creación del hombre, un ser adaptado para vivir
en la tierra y para ser su señor y rey. El hombre, como los ángeles, fue creado
a la imagen divina, esto es con facultades de razonamiento, conciencia, etc.,
capaz de discernir entre el bien y el mal. El hombre, como rey de la creación,
fue hecho "un poco menor que los ángeles", { Heb 2:7,9} y esta
diferencia consistía en estar limitado a la tierra por su naturaleza, mientras
que la naturaleza angélica, siendo espiritual, tiene un rango más amplio de
actuación y por lo tanto un plano de razonamiento más amplio. Ser una imagen de
Dios implica libertad de elección con respecto a la propia conducta. Originalmente
el hombre fue dotado con esta libertad por su Creador, y la elección entre el
bien y el mal fue puesta delante de él como una necesidad de probarlo para la
vida eterna, aunque no sin la advertencia por parte de Dios con respecto a los
benditos resultados de la justicia y los ruinosos resultados del mal. A causa
de la inexperiencia del hombre, se requería una obediencia implícita a la
voluntad de Dios para su seguridad y protección, y para probar también su
lealtad a su justo Señor y Soberano. Sin embargo Dios, con su divina intuición,
previó el camino que Adán tomaría y la caída de toda la raza en la muerte, y
también que las lecciones de esta experiencia con el pecado y la muerte
servirían para enseñarles, a su debido tiempo, que por medio del mérito del sacrificio
de Cristo hay remisión de los pecados, si ellos se arrepienten y se vuelven a
la justicia. Dios entonces determinó dejar al hombre elegir su propio camino, e
imponer sobre él la pena justa, y luego, en el tiempo apropiado, librarlo de
ella con una gran salvación.
Dios previó
que, aunque con buenas intenciones, el conocimiento y la experiencia limitadas
del hombre lo tentarían continuamente para dudar de la sabiduría de las
ordenanzas divinas, y aun para desobedecerlas; Él entonces tomó esta oportunidad
para dar a conocer a todas sus criaturas, así como también al hombre, una
concepción más completa de sí mismo, de modo que todos llegaran a adorarlo y
obedecerlo plenamente y de corazón. Como revelación e ilustración de sus
propios atributos (Justicia, Sabiduría, Poder y Amor), Dios hizo que sus
criaturas humanas creadas a su propia imagen (perfectas aunque inexpertas y
poco informadas acerca de los atributos de su Creador), pasaran por una prueba,
de modo que pudieran obtener una valiosa experiencia. Él supo desde el
principio que aunque la prueba era justa, el hombre usando su libre albedrío,
caería en el pecado. Pero Dios se propuso no abandonar a sus criaturas
desobedientes en la ruina y la muerte eternas, y proveyó un camino de redención
por el cual Él pudiera ser justo y también justificar a aquellos que
verdaderamente le creen. { Ro 3:26} Así la penosa experiencia obtenida en el
reino del pecado y la muerte podría, bajo la guía de la providencia divina,
establecer al hombre firmemente en justicia y lealtad sincera hacia Dios.
La prueba en el
Edén fue meramente un examen de obediencia, o lealtad hacia Dios. El fruto del
árbol prohibido era bueno (porque todos los árboles del jardín eran buenos), y
era deseable para obtener sabiduría; y si el hombre hubiera probado su lealtad
por medio de la obediencia, probablemente la restricción hubiera sido levantada
a su debido tiempo. El conocimiento es una bendición solo para aquellos que
están sujetos a la voluntad divina. De modo que Dios dispuso que el hombre lo
adquiriera por medio de la experiencia, y los ángeles por medio del ejemplo. La
pena por la desobediencia del hombre fue la muerte: "Mas del árbol de la
ciencia del bien y del mal no comerás; porque el día que de él comieres,
ciertamente morirás". La pena se cumplió con exactitud, pues el proceso de
muerte comenzó tan pronto como la pena fue pronunciada, cuando fueron echados
del Edén y no se les permitió comer del árbol de la vida, y fue completada
dentro del día de mil años, como fue predicho. (2 Ped. 3:8) La pena, la muerte,
como fue implementada gradualmente y no repentinamente, dejó que la pareja
condenada procreara libremente, aunque sujeta a la debilidad y toda la pena que
ellos mismos sufrían.
Así, por la
desobediencia de un hombre, el pecado entró al mundo, y la muerte (como
resultado) por el pecado; y así la muerte pasó a todos los hombres, porque
todos son pecadores e imperfectos por herencia.—Rom. 5:12
El pecado, y la
pena de muerte, ganando así control de Adán, controlaron el mundo, y reinaron
desde Adán hasta Moisés, con algunas pocas promesas divinas para iluminar el
oscuro camino. Luego "la ley vino por medio de Moisés", ofreciendo
vida duradera a cualquiera que la observara en todos sus detalles. Pero en su
condición caída ninguno de la raza condenada pudo obedecerla, y así obtener la
recompensa de la vida. Sin embargo, la Ley diseñada por Dios sirvió para un
propósito: sirvió para mostrar la incapacidad del hombre para lograr su propia
justificación, y sirvió para señalar como separado de la simiente corrupta y
condenada de Adán, al santo, inocente, sin mancha Cordero de Dios, cuyo
sacrificio como Redentor o sustituto de Adán, cumplió los reclamos de la
justicia, compró al mundo de la esclavitud del pecado y la muerte e hizo posible
ofrecer el evangelio de perdón y vida eterna, no por medio de nuestra justicia
al guardar la ley de Dios (lo cual es imposible debido a la debilidad de la
carne), sino por medio de la aceptación de Cristo como nuestro Maestro y de su
sacrificio que limpia nuestros pecados delante de Dios.
Podría
suponerse que la tarea de bendecir al mundo debió comenzar de inmediato cuando
el sacrificio por el pecado fue aceptado por el Padre, como fue manifestado con
el otorgamiento del espíritu de adopción en Pentecostés; pero no es así. Otro
aspecto del plan divino debía realizarse primero, a saber, la selección y
desarrollo de la Iglesia para ser coherederos con Cristo en su gloria, su reino
y la obra de bendecir al mundo. Esto era desde el principio una parte del plan
divino; por lo tanto el glorioso reino y la obra de bendecir al mundo no podía
comenzar con la resurrección de Cristo, ni tampoco en pentecostés, sino que
debía demorarse hasta que la selección de todos los miembros fieles y probados
pudiera completarse. Dicho de otra manera, el tiempo designado por el Padre
para bendecir al mundo es durante el séptimo milenio, y si no fuera por el
propósito de seleccionar a la Iglesia, la "esposa" o
"cuerpo" de Cristo, para compartir con él la obra de bendecir a la raza,
no habría necesidad de dos venidas de nuestro Señor. Una venida hubiera sido
suficiente; porque él hubiera podido venir ahora, al final de los seis mil
años, hubiera redimido a todos y comenzar inmediatamente la tarea de bendecir y
restaurar a la humanidad. Él vino a redimir al mundo dieciocho siglos antes del
tiempo designado para las bendiciones, para así dar tiempo, antes de aquel día,
para la selección de su esposa de entre la raza redimida.
Así como la
caída del hombre se convirtió en una oportunidad para que Dios mostrara a todas
sus criaturas su maravilloso carácter desde todo punto de vista (su justicia,
su sabiduría, su poder y su amor), así también se convirtió en una oportunidad
para probar a su Hijo unigénito, preparándolo para una exaltación aun mayor
(Filp. 2:8-10), la naturaleza divina, con todo lo que ella implica en gloria,
honor e inmortalidad, y para una posición a la diestra del Padre, para que
todos los hombres honren al Hijo como honran al Padre. De la misma manera, por
arreglo de Dios es posible el llamamiento, la selección y la prueba de la
Iglesia, que pronto será completada y hecha coheredera con nuestro Señor y
Salvador, de la gloria, el honor y la inmortalidad, y como él, será exaltada
por sobre todos los hombres y ángeles, a la naturaleza divina.—2 Ped. 1:4
Sólo la
justicia del carácter de Dios ha sido manifestada al mundo, y la mayor parte de
su gloria es tristemente nublada por la tradición humana, que declara
falsamente que la paga del pecado es el tormento eterno en lugar de la
"destrucción eterna". El amor de Dios por sus criaturas, la sabiduría
de su plan de salvación, y su poder para salvar, hasta ahora han sido
parcialmente revelados y aun visto en forma distorcionada solo por unos pocos.
La justicia de Dios ha sido revelada a todos durante los pasados seis mil años
en el reinado de la muerte, la pena que Él decretó por el pecado. El amor de
Dios comenzó a revelarse veinte siglos atrás, pero al no ver todo el plan,
pocos aprecian correctamente ese amor. Sin embargo "en esto se mostró el
amor de Dios para con nosotros, en que Dios envió a su Hijo unigénito al mundo,
para que vivamos por él". (1 Juan 4:9) La sabiduría del plan de Dios no
será apreciada hasta que el Milenario Sol de Justicia se haya levantado,
revelando aquellos aspectos de su plan que entonces traerá bendiciones a los
billones que fueron condenados por su justicia, y que su amor redimió. Pero el
poder de Dios no se verá en su plenitud hasta bien avanzado el Día Milenario.
Aunque parcialmente revelado en la obra de la creación, la mayor y más completa
muestra se manifestará en la resurrección de ente los muertos de aquellos que
han sido redimidos, quienes al aceptar las graciosas dádivas de su amor, se
someterán alegremente a todos sus justos requerimientos.
Muchos cometen
el error de suponer que la justicia de Jehová y su amor están siempre en
conflicto. Ambos son perfectos: su amor nunca desea o intenta lo que su
justicia no aprueba. Su amor y su justicia deben aprobar juntos cada acto por
el cual su poder es ejercido. Entre los hombres, a causa de la falta de
sabiduría y poder, a menudo el amor y la justicia están en conflicto. El amor
del hombre a menudo proyecta cosas hermosas, que no las puede realizar sin
violar la justicia, a causa de su falta de sabiduría y poder. Debemos calibrar nuestros
puntos de vista con el infinito y apegarnos a la revelación que Él hace de sus
planes, sin buscar hacer nuestros propios planes para Dios. El plan de Dios,
cuando es visto con claridad, vindica plenamente su justicia así como su amor.
El plan de redención diseñado por la sabiduría divina es la esencia del amor
insondable basado en la justicia intransigente, y será realizado plenamente por
el poder divino. El primer acto del amor de Dios fue proveer un rescate por
Adán, y así por toda su raza, ya que fue por su transgresión que todos cayeron
en el pecado y la muerte. Hasta que el rescate fue entregado no se había hecho
nada para salvar al mundo: había promesas y tipos de la salvación futura, pero
nada más pudo hacerse. Dios había pronunciado una sentencia justa, y la pena no
podía olvidarse: debía ser cumplida. antes que Adán y su familia pudieran ser
liberados de la sentencia de muerte por medio de una resurrección, la vida de
otro hombre que no estuviera bajo la sentencia debía ser entregada como precio
correspondiente, para que Dios pudiera ser justo y justificara y aceptara
nuevamente a todos aquellos que creen en Jesús y se vuelven a Dios en su
nombre. (Hech. 4:12) Y habiendo aceptado a Cristo como el rescate de todos
estos, el Apóstol nos asegura que ahora "él es fiel y justo para perdonar
nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad".—1 Juan 1:9
Así vemos, por
la propia declaración de Dios, que desde la muerte de Cristo por nuestros
pecados, el justo por los injustos, para que él pudiera traernos al Padre, o
mejor dicho, desde que él ascendió a lo alto y apareció en la presencia de Dios
presentando el precio de nuestra redención y convirtiéndose en el Señor de
todos, tanto de vivos como de muertos, ya no hay ningún obstáculo legal en el
camino de retorno de toda la humanidad hacia la reconciliación con Dios, y a
todas las bendiciones y privilegios perdidos bajo la pena por la primera
transgresión. Las únicas dificultades que quedan están de parte del hombre. En
su condición caída su mente y su cuerpo son débiles. Se inclina a creer en la
falsedad y a descreer de una salvación tan grande, las "buenas noticias de
gran gozo, que serán para todo el pueblo". Y además de ser débil a causa
de la caída, a menudo el hombre hace aquellas cosas que su corazón no aprueba,
y deja de hacer muchas otras que su corazón realmente desea hacer, y no hay
remedio para esto. De modo que necesita ayuda para vencer la tendencia al
pecado, o de otra forma la cancelación del pecado y la oportunidad de
reconciliarse con Dios será una oferta sin valor.
Esta necesidad,
que nosotros reconocemos, se satisface plenamente en aquellos aspectos del plan
divino que todavía no se han cumplido. Aquel que redimió a todos es designado
para ser al mismo tiempo rey y juez de todos; porque Dios "ha establecido
un día en el cual juzgará al mundo con justicia, por aquel varón a quien
designó", Cristo Jesús. (Hech. 17:31) Así que, Él otorgará en justicia,
una prueba nueva e individual para que el mundo alcance la vida eterna, habiendo
cancelado la sentencia de la primera prueba por el sacrificio propiciatorio de
su Hijo.
Y la Iglesia
redimida y glorificada, la fiel esposa de Cristo, compartirá con su Señor esta
gran obra como reyes, sacerdotes y jueces. {Apo. 5:10 _ 1Co 6:2,3} Como reyes ellos gobernarán al mundo con equidad,
promulgando y estableciendo orden, justicia y verdad; como sacerdotes enseñarán
a la gente, y por el mérito del único sacrificio por los pecados perdonarán al
penitente, limpiándolos y ayudándolos en sus debilidades mentales, morales y
físicas; como jueces juzgarán el grado de culpa de todos en sus vidas pasadas y
su curso en el futuro, juzgando no por lo que oyen los oídos ni por lo que ven
los ojos, sino a través del juicio infalible que les dará su exaltación a la
naturaleza divina.
Mientras que la
promesa de Dios a la Iglesia es un cambio de naturaleza de la humana a la
divina, que se realizará en la segunda venida de su Señor, como la consumación
de su resurrección, la primera resurrección (2 Ped. 1:4 _ 1Co 15:50-53; Filp. 3:10-11; Apo. 20:6),
sin embargo, la provisión del plan de Dios para el mundo es bastante distinta,
a saber, una restauración o restitución de todas las cualidades y poderes de la
naturaleza humana (la semejanza terrenal de lo divino), que ahora se encuentra
tan tristemente opacada y desdibujada por los seis mil años de esclavitud al
pecado y la muerte.
Para apreciar
correctamente la restauración humana, debemos recordar que toda excelente
cualidad que aparece entre los hombres es solo un reflejo imperfecto de lo que
pertenece a cada hombre perfecto, ya sea exactitud lógica, precisión
matemática, gusto estético, arte, ingenio, elocuencia, imaginación poética,
musicalidad, o cualquier otra gracia intelectual o moral. Estas cualidades que
al principio fueron designadas por el Creador, se convertirán en el proceso de
la restauración en cualidades de todos los miembros obedientes de la familia
humana, en un grado tal que nunca se ha visto antes en ningún hombre caído. Con
la restauración del perfecto balance mental y moral en el hombre, que fue el
rey original de la tierra, vendrá también por medio del hombre la bendición de
todos sus súbditos, las bestias del campo, las aves del cielo, y los peces del
mar. (Sal. 8:6, 8) Así la tierra estará en orden, como también fue prometido.
Los
"tiempos de la restauración de todas las cosas, de que habló Dios por boca
de sus santos profetas que han sido desde tiempo antiguo" (Hech. 3:19-21)
son, según creemos una enseñanza de las Escrituras, y están a punto de comenzar.
Pronto los últimos miembros del Cuerpo de Cristo habrán terminado de reunirse,
y entonces, junto a su gloriosa Cabeza y todos los otros miembros del cuerpo,
brillarán como el sol para bendecir a toda la raza redimida.